19lo yové Adonai selóaj lo ki az ye'shán af Adonai vekin'ató ba'ísh hahú veravtsá bo kol ha'alá haktuvá baséfer hazé umajá Adonai et shmo mitaját hashamáyim
28hanistarót l'Adonai Elohéinu vehaniglót lánu ulvanéinu ad olám la'asót et kol divréi haTorá hazót
De un corazón que se desvía a una tierra desolada
La aliá continúa la asamblea del pacto y dirige la mirada hacia el peligro de la idolatría. Moisés le recuerda a Israel que conocen de cerca a Egipto y a los pueblos entre los que pasaron, y que vieron sus ídolos de madera, piedra, plata y oro. Justamente desde ese conocimiento llega la advertencia de que no surja dentro de Israel un hombre, una mujer, una familia o una tribu cuyo corazón se aparte del servicio de Dios hacia los dioses de esos pueblos.
La Torá describe el peligro como algo que empieza dentro del corazón. Una persona puede escuchar las palabras del pacto y aun así tranquilizarse a sí misma y pensar que podrá andar por el camino que eligió sin cargar con las consecuencias. La Torá advierte que esa actitud no queda solamente como un asunto privado. Es como una raíz de la que puede crecer una realidad amarga y venenosa, y por eso el pacto la trata con mucha severidad.
De aquí la aliá pasa del individuo al futuro nacional. La Torá describe una generación posterior, e incluso un extranjero que llegará de una tierra lejana, que verán una tierra golpeada y desolada y preguntarán cómo llegó a semejante estado. La respuesta que se da es que abandonar el pacto de Dios e ir tras otros dioses provocó la ruptura del vínculo con la tierra y el exilio de ella.
La aliá termina con una distinción entre las cosas ocultas, que no están en la mano del ser humano, y las cosas reveladas, que fueron entregadas a Israel y a sus hijos. La responsabilidad humana se concentra en lo que se puede saber, ver y hacer, y en guardar las palabras de la Torá que le fueron dadas al pueblo.
Reflexiones de la aliá
El gran peligro empieza en el corazón
Antes de que se describa un acto externo de idolatría, la Torá señala un corazón que se desvía. En el plano de la idea, un cambio grande empieza muchas veces en una inclinación interna pequeña que la persona deja asentarse.
Una raíz pequeña puede hacer crecer un resultado grande
La imagen de una raíz que produce amargura enseña que los procesos destructivos no siempre empiezan como un ruido fuerte. A veces empiezan casi sin verse, y solo después se aclara hasta qué profundidad llegaron.
El problema grave es la falsa confianza en uno mismo
La persona descrita escucha la advertencia pero se convence de que todo va a estar bien. En el plano de la idea, ese es un peligro particular: no falta de conocimiento, sino conocimiento acompañado de una indiferencia deliberada.
Un pacto no es solamente un asunto privado
La aliá empieza con una persona o una familia, pero pasa rápidamente a toda la tierra y a las generaciones que vienen. Esto enseña que las decisiones de individuos pueden afectar a una cultura entera cuando se vuelven un método.
Las generaciones que vienen leerán nuestra realidad
La Torá describe una generación futura que pregunta qué pasó aquí. En el plano de la idea, cada generación deja detrás un mundo que otros tendrán que interpretar. La pregunta no es solo qué recibimos del pasado, sino también qué verán quienes vengan después de nosotros.
Hay un límite para la responsabilidad humana
No todo nos está revelado y no todo está en nuestras manos. El final divide entre lo oculto y lo revelado, y orienta a la persona a concentrarse en lo que sí quedó bajo su responsabilidad: los actos, las decisiones y el cuidado del camino.
Lo revelado obliga a actuar
La aliá no termina en la curiosidad por lo que no sabemos, sino en lo que sí sabemos y podemos hacer. Es un mensaje muy práctico: en lugar de quedarnos trabados en preguntas a las que no tenemos acceso, la responsabilidad es actuar bien dentro del terreno que nos fue entregado.
Más Preguntas sobre la Parashá
Pronto habrá más preguntas sobre esta parashá. Mientras tanto, explora nuestro estudio diario de Torá.