¿Por qué la belleza de Israel se revela precisamente a través de los ojos de un enemigo?
Una de las frases más hermosas que se han dicho sobre el pueblo de Israel no la dijo Moisés Rabenu, no la dijo Aarón, no la dijo uno de los ancianos de Israel. La dijo Balaam, un hombre contratado para maldecir.
Y la respuesta, como idea conceptual, es esta: a veces la belleza más grande es aquella que ni siquiera el enemigo logra negar.
Cuando una persona que te ama te alaba, se puede decir: ama, está cerca, te ve con buen ojo. Pero cuando un enemigo viene a buscar defectos, sube al monte, cambia ángulos, intenta una y otra vez encontrar un punto de debilidad, y al final precisamente de él sale una bendición, eso ya es un testimonio de un tipo completamente distinto.
Balac no trajo a Balaam para escribir un canto de alabanza a Israel. Lo trajo para encontrar el lugar desde el cual se pudiera maldecir. Por eso Balac lo lleva de un punto a otro, como diciéndole: tal vez desde aquí los veas distinto, tal vez desde aquí encuentres en ellos una falla. Pero precisamente dentro de esa mirada hostil, se revela algo que no se puede borrar.
El versículo dice: “Vayisá Bilám et eináv vayár et Yisrael shojén lishvatáv vat’hí aláv rúaj Elohim” (Y Balaam alzó sus ojos y vio a Israel asentado por sus tribus, y vino sobre él el espíritu de Dios, Números 24:2). Y más adelante, en ese mismo discurso, dice: “Ma tóvu ohaléja Ya’akóv mishknotéja Yisrael” (Cuán hermosas son tus tiendas, Jacob, tus moradas, Israel, Números 24:5).
Es decir, la belleza se revela precisamente a través del ojo de Balaam porque él no vino a ver belleza. Vino a encontrar maldición. Y cuando aun así ve el bien, esto revela que el bien de Israel no depende del cumplido de alguien que lo ama. Es una verdad interior.
El que ama a veces ve el bien porque quiere ver el bien. El enemigo ve el bien aunque no quiere verlo. Y ese es un testimonio más fuerte.
Como idea conceptual, Balaam es como un espejo invertido. Llega con el deseo de distorsionar, pero el Eterno lo usa precisamente para revelar una verdad. La boca que fue contratada para ser un instrumento de maldición se convierte en un instrumento de bendición. El ojo que buscaba defecto se vuelve testigo de la belleza. Y esa es la victoria misma: no solo el enemigo no logra dañar, sino que se ve obligado a decir exactamente lo que más no quería decir.
Por eso la belleza de Israel se revela precisamente a través de los ojos de un enemigo. Hay una belleza que, si la dice un amigo, conmueve. Pero si un enemigo se ve obligado a decirla, estremece.
A veces una persona siente que el mundo entero la mira con ojo crítico. Pero la Parashá Balak revela que hay un punto interior de bendición que ni siquiera una mirada hostil puede borrar. A veces precisamente quien viene a empequeñecerte revela, sin proponérselo, cuán grande es la luz que llevas dentro.
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