Parashat Behar - Tercera Aliá
Lee el texto bíblico e intenta comprenderlo por ti mismo, antes de leer el comentario.
La aliá se abre con una promesa: “Venatenáh ha’árets piryáh va’ajaltem lasóva vishavtém lavétaj aléja” (versículo 19). Quien guarda los estatutos y las leyes, la tierra dará su fruto, la saciedad llegará y la permanencia será segura. Pero inmediatamente después de la promesa llega la pregunta natural.
La pregunta que la Torá no condena. “Vejí tomrú ma nojál bashaná hashevi’ít jen lo nizrá veló ne’esóf et tevu’aténu” (versículo 20). “¿Qué comeremos?” es una pregunta práctica, legítima. La Torá no la reprende, no exige fe ciega. Responde con una bendición: “Vetsiví et birjatí lajém bashaná hashishít ve’asát et hatevu’á lishlósh hashaním” (versículo 21). Tres años de abundancia: para el sexto año, el séptimo, e incluso el inicio del octavo, hasta que crezca la nueva cosecha.
La palabra “Vetsiví” (ordenaré) es la clave. La bendición no es meramente el resultado del trabajo duro o de las condiciones climáticas. Es un acto directo del Amo del Universo: Yo ordeno la bendición. Quien suelta su agarre en el séptimo año descubre que el sustento no depende solo de la fuerza de sus manos, sino de una fuente más elevada.
La tierra no se vende permanentemente. “Veha’árets lo timajér litsmitút ki li ha’árets ki guerím vetoshavím atém imadí” (versículo 23). Este es uno de los versículos más centrales de la Torá sobre el tema de la propiedad. La persona no es la dueña absoluta. Es extranjera, residente, huésped. La tierra pertenece al Amo del Universo, y la persona solo habita en ella por un tiempo limitado.
La redención siempre es posible. “Uvjól érets ajuzatjém ge’ulá titenú la’árets” (versículo 24). Ninguna transacción cierra la puerta para siempre. Siempre hay oportunidad de redimir, restituir, reparar. Este principio trasciende lo inmobiliario: en toda relación, en toda situación económica, en toda crisis, la Torá mantiene una puerta abierta para el retorno.